martes, 6 de septiembre de 2016

OLVIDÉ DECIRTE QUIERO de MONICA CARRILLO

Buenas tardes, queridos! Después de una pequeña pausa vengo con ganas renovadas. Hoy os traigo una nueva reseña de Carlos González-Llanos. Espero que os guste.

RESEÑA

Agridulce, como una limonada de Pomelo. 

Me ha gustado tener este libro entre mis manos y llegar hasta su fin (por suerte era corto, si no juro que lo hubiera descartado). ¿De qué trata? Accidente de coche, mujer joven al borde de la muerte, pensamientos sobre hechos pasados de la vida. En fin, es un libro emocional que intenta aferrarse con los dos brazos a la existencia. No obstante, sin la opinión experta de un psicólogo, no me atrevo a asegurar que esta lectura sea positiva para todo el mundo, pues ahonda DEMASIADO en un desamor.
Empecemos por las malas noticias: de las 250 páginas yo ya le quitaba 50-60 pesadísimas y sin sentido alguno más allá de repetirse una y otra vez en lo mismo. Erre que erre con un desamor truncado, porque nunca hubo amor, o al menos no correspondido, solo fue sexo para él, donde hubo amor para ella; pero ella no acaba de entenderlo y toma y daca, escribe y lee, que te digo una y otra vez lo mismo.   

Ahora las buenas noticias: la narrativa es bonita y agradable, profunda pero sin dificultad de lectura. En primera persona (excepto cuando la narradora pasa a ser una perrita muerta que nos habla desde el más allá… sí, aunque suena a coña, no lo es). También, la capacidad de Mónica Carrillo para llegar a la patata roja de nuestro pecho es muy alta. En dos o tres páginas es capaz de despertarte una emoción congelada. ¡Bravo por ella! De hecho, lo normal es que este libro, guste o no, en alguno de sus capítulos os incite a saborear más la vida y a juzgar debidamente a las personas que hacen el bien a vuestro alrededor, que se lo merecen todo (o casi todo).   

A modo general, el libro, más que una novela, es una recopilación de pensamientos o poesías escritas en prosa (y algunas escritas directamente en poesía) sobre el desamor. Dardos emocionales que buscan el pecho herido de la lectora. Personalmente, me ha faltado una continuación, una historia, una trama, algo que me enganchara (como sí consiguió El océano de la memoria) en lugar de una serie de microcapítulos que en la mayoría de ocasiones enviaban el mismo mensaje. Me han faltado también recuerdos de más personajes entrañables a los que se hicieran alusión en lugar de ocupar las páginas una y otra vez con la pesadez del desamor (que cansa, a menos que estés pasando por ello, entonces supongo que te puedes tirar horas llorando con este libro). En cuanto a la segunda narradora, la perrita Mia, que tiene mucho corazón, le ha faltado chispa (normal, está muerta… perdón por este chiste taaaan malo).

Para acabar, a modo positivo, si os animáis a leerlo, más que entreteneros, espero que os aporte un puntito de amor sobre la vida y sobre la gente que os hace bien. Recordad que la vida está para disfrutarla.  

Buena semana a todos, lectomonstruos. 

Carlos





SINOPSIS

Una novela esperanzadora, llena de optimismo y amor, con la que Mónica Carrillo volverá a cautivar a sus lectores.

Tras sufrir un terrible accidente de coche, en la difusa línea que separa la vida de la muerte, a Malena se le aparecen todas las palabras que se quedaron sin decir: palabras de amor, de perdón, de amistad, de reconocimiento… Por su mente desfilaron todos sus amores, los felices y los fallidos: aquel que la hizo sufrir, aquellos otros que le sirvieron para olvidar y su amor actual, a quien tanto debe y de lo cual hasta ahora no se había dado cuenta; su mejor amiga, a la que olvidó decir «te quiero» antes de que se fuera; su familia y, sobrevolándolo todo, el personaje de su perrita Mia, una figura entrañable, divertida y sorprendente que conseguirá encauzar el destino de Malena para que nunca más olvide decir «Te quiero». «Yo me quedé tanto tiempo empapada, sin paraguas, sin consuelo que cuando dejó de diluviar me quedé inmóvil. Y continué en aquel mismo lugar imaginando que seguía cayendo, que me seguía calando hasta los huesos, cuando ya lo único que quedaba era un pequeño charco en el que continuar chapoteando. Pero era tu charco, Mario, y el mío. El nuestro, pensaba yo

¿Vosotros que opinais?