SEUDÓNIMOS IV



Hace poco estuve recogiendo en San Vicente de Alcántara, municipio de 5 mil habitantes de la provincia de Badajoz y centro del corcho en nuestro país, un premio literario que, precisamente, se acompañaba de una encantadora placa en corcho. A solo 20 km de allí se encuentra el castillo de Alburquerque, uno de los más hermosos de España y bastante singular. Merece la pena visitarlo. A mí me dejó tan fascinado que lo utilicé como escenario en la novela juvenil La leyenda de Lunanegra, que, por cierto, escribí bajo seudónimo. En mi caso fue porque era una de mis primeras obras y quería probar el sistema de Amazon. A lo largo de la historia ha habido otros escritores que han utilizado los seudónimos por diversos motivos. Fue el caso —lo hemos hablado aquí— de Daniel Foe, autor de Robinson Crusoe, o de Carlo Lorenzini, autor de Pinocho. Ambas obras de éxito mundial. 
También usó seudónimo Eric Arthur Blair, escritor y periodista británico de la primera mitad del siglo XX. Más conocido por su seudónimo, George Orwell, dejó para la posteridad títulos como Rebelión en la granja o 1984. En Rebelión en la granja, publicada en 1945, un grupo de animales expulsa a los humanos tiranos de una granja y crea un sistema de gobierno propio que acaba convirtiéndose en otra tiranía brutal. Es una sátira sobre el gobierno comunista de Stalin, que, en cualquier caso, viene a tratar la corrupción del ser humano en cuanto alcanza el poder. El gobierno de Estados Unidos utilizó el libro, al igual que la obra 1984, para denigrar el sistema comunista. En cuanto al autor, el seudónimo George Orwell fue un instrumento para no incomodar a sus padres con sus ensayos, artículos y novelas. Lo eligió de la siguiente manera: George es el santo patrón de Inglaterra (además George V era el rey por entonces), mientras que el río Orwell es uno de los lugares más emblemáticos de Inglaterra. Blair también pensó que un apellido que empezara con la letra O le daría una mejor posición a sus libros en los estantes de las librerías.



Quién no conoce a Charles John Huffam Dickens, autor de Oliver Twist, La tienda de antigüedades, David Copperfield, Tiempos difíciles, Historia de dos ciudades y Cuento de Navidad. Autor inglés también y periodista político. Estuvimos hablando de él y su obra allá por Navidad (típico). Experto en novelas por entregas, pasó una infancia de penurias. Su padre fue encarcelado por contraer demasiadas deudas y él se tuvo que poner a currar a los doce años de edad. Estas vivencias marcarían su vida como escritor: dedicaría gran parte de su obra a denunciar las condiciones deplorables bajo las cuales sobrevivían las clases proletarias. Utilizó el seudónimo Boz para sus primeras historias, debido a que no quería que mermasen la reputación que había logrado duramente como periodista político.



Cambiando de registro y época nos centramos ahora en la figura de Stanley Martin Lieber, escritor y editor de cómics estadounidense, además de productor y ocasional actor de cine. Conocido nada menos que por haber creado personajes icónicos del mundo del cómic tales como Spider-Man, Hulk, Iron Man, Los 4 Fantásticos, Thor, Los Vengadores, Daredevil y X-Men. Utiliza el seudónimo y se le conoce como Stan Lee. Entró a trabajar en el mundo del cómic en los años 40 del siglo pasado. Su sueño era convertirse en un escritor de renombre como Robert Louis Stevenson (La isla del tesoro, El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde), Arthur Conan Doyle (Sherlock Holmes) o Edgar Rice Burroughs (Tarzán). Para no manchar su nombre con sus primeros trabajos, decidió usar Stan Lee en lugar de su nombre real. Lo curioso es que su trabajo en el mundo del comic le acabó dando la fama con el devenir de los años, así pues, se olvidó de Stanley Martin Lieber y se cambió el nombre oficialmente, quedándose ya para siempre con el seudónimo.   


Y eso es todo por hoy, amigos, disfrutad de la lectura.

Carlos Álvarez

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